Crónica de un muerto

Últimamente ha estado en boga dentro del mercado laboral el deseo de las empresas de que sus aplicantes y colaboradores cuenten con la virtud de la RESILENCIA, esta es, la facultad de un individuo para sobreponerse a experiencias traumáticas. Esto, creo yo, se explica bajo la premisa de que “lo que no me mata me fortalece” y la necesidad de las organizaciones de tener individuos altamente calificados mental y psicológicamente versus capacidades técnicas (que pueden ser adquiridas con procesos inductivos y de capacitación, por lo que no son prioridad para las empresas). Entonces, que mejor que el hecho de contar con un individuo con la entereza emocional para sobreponerse a situaciones complejas, y el aprendizaje invaluable que esto conlleva. Y es precisamente este tema el que me hace ruido, el “aprendizaje invaluable que esto CONLLEVA”.

Un momento se define como traumático según el individuo afectado y el contexto de este, o sea, perder una muñeca es un episodio sin importancia para una joven universitaria pero significa el desplome del mundo conocido para una pequeña de 5 años de edad, y es, según esto, que se mide la posibilidad (y recalco, solo posibilidad) de obtener un aprendizaje invaluable. Probablemente luego de buscar su muñeca hasta el cansancio, de llorar, de desesperarse, seguir llorando y, finalmente, desistir, es donde se llega al punto crítico, ese que definirá la existencia, o no, y el tipo de aprendizaje que se podrá obtener. En este caso de ejemplo, la niña probablemente encontrará en los brazos de sus padres consuelo y, probablemente, una muñeca de reemplazo, la que no producirá el mismo apego inmediato pero a la larga sanará las heridas de la pérdida. ¿Qué aprendió? A no apegarse a lo material (refuerzo “positivo” para su vida) y a que todo se puede reemplazar (idea relativa que tendrá que desarrollar conforme la vida le dé la experiencia).

El punto, para mí, es que todo aprendizaje a la larga “vale la pena”, es decir, cuando ya pasa el trauma, se pasa por todos los niveles de enojo/rabia/tristeza/desesperación/aceptación, recién ahí uno logra empezar el proceso para obtener el anhelado aprendizaje. Pero ¿y si te pierdes a ti mismo durante esa tormenta? ¿Y si con la esperanza de encontrar la luz la tormenta te cambia? ¿Y si durante el tiempo requerido para que pase el trauma y hallar el aprendizaje simplemente caes? Claro, bajo la premisa de que al final no hay mal que por bien no venga, en algún momento aprenderás del problema, pero ¿Quién tiene toda la vida para esperar? En una sociedad de inmediatez ya no hay tiempo para esperar, y es en esa impaciencia donde le obstruimos el paso al flujo correcto de trauma/aprendizaje.

Ser resilente…O mueres como un héroe o vives lo suficiente para verte convertido en el villano.

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Author: alvaromaureira

No seas fome, ¿por qué tan serio?

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